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Artículo dedicado a mi querido amigo, artista y formador Pirata Larios, a quien agradezco sus posts sobre el síndrome del impostor y el efecto Dunning-Kruger.

Por José Benito Ruiz.

En mis viajes formativos he conocido a miles de fotógrafos por todo el mundo y he podido observar el comportamiento de muchas personas durante la práctica de la fotografía, tanto aficionadas como profesionales, en cursos, viajes y experiencias prácticas.

Hace ya años que observé por primera vez a alguien que se comportaba de una forma que me sorprendió y que quedó retenida en mi memoria. Durante una expedición fotográfica con un nutrido grupo de fotógrafos entusiastas sucedió un accidente imprevisto con un vehículo, que nos puso en peligro a sus ocupantes. Observé a una persona que apenas se inmutó, no hubo reacción por su parte, ni trató de ponerse a salvo ni de ayudar al resto.

Afortunadamente todos salimos ilesos y poco después estábamos contemplando un atardecer lleno de color, con aves surcando el mar en bandadas y con el disco del sol rojo en el horizonte. Le pregunté qué tal estaban saliendo las fotos y si estaba disfrutando de la escena paradisíaca. La conversación fue muy sorprendente, ya que giró alrededor de números y parámetros, de proporción del cielo, de esquemas y resultados, con una ausencia real de emoción ante la escena por su parte.

En los días siguientes del viaje pude constatar en otras conversaciones que su nivel de dominio de la técnica y la composición era bastante avanzado, aunque quería aprender más, ya lograba componer de forma muy eficaz y la fase técnica la tenía totalmente superada e interiorizada. ¿Porqué no se dedicaba entonces a sentir las escenas: a disfrutar de los ambientes de bosques umbrosos y prístinos, las montañas salpicadas de nubes rojas?

Con la repetida constatación de actitudes similares en otras personas, en otros lugares y situaciones, me he decidido a proponer este síndrome a modo de hipótesis tras haber tratado de madurarlo.

 

¿Qué es el síndrome del observador impasible?

Por lo que he podido inferir, es un fenómeno psicológico no hereditario que proviene de unas determinadas situaciones vividas en la infancia que pudieron ser traumáticas. El síntoma principal es la falta de reacción ante un estímulo que lo requiere, una insuficiencia emocional.

El observador impasible, al contrario que la inmensa mayoría, no se siente llamado a actuar ante una situación determinada, incluso de riesgo. Su inhibición no la produce el miedo ni ningún tipo de bloqueo, simplemente la persona asume un papel de mero observador y no actúa. Cuando es preguntado por su inacción encuentra justificaciones que le parecen lógicas pero que resultan incomprensibles para los demás.

Como sucede en otros síndromes los síntomas se muestran en una gradación desde manifestaciones leves a extremas.

 

¿Quién puede tenerlo?

Este síndrome se observa en personas de ambos sexos, aunque afecta más a los hombres, y es más acentuado desde la infancia hasta la juventud, incluso puede permanecer hasta bien entrada la edad adulta. Puede verse incrementado en personas con otros síndromes como el de Hikikomori o síndrome de aislamiento social juvenil, algún tipo de fobia social.

Si bien he visto muy escasos ejemplos, sospecho que hay determinadas actividades basadas en la observación en las que podemos encontrar un mayor porcentaje de personas con este síndrome. No es un síndrome que se fomente con una actividad en concreto, más bien hay actividades que atraen a personas que lo tienen.

La profesión de la fotografía podría ser un buen ejemplo, ya que la observación (y, frecuentemente, la observación inadvertida) es un valor. El observador impasible está acostumbrado a no ser detectado y a contemplar el desarrollo de los hechos de una forma objetiva, sin intervenir en su desarrollo.

¿Dónde lo he observado?

He conocido a personas con el síndrome del observador impasible en muchas partes del mundo, en países del norte de Europa, en Latinoamérica y también en España. Es un síndrome que, sin ser muy abundante, probablemente se dé en todo el planeta, especialmente en países asiáticos donde se han documentado una considerable variedad de fobias y síndromes de rechazo social.

 

¿Qué síntomas tiene?

La semiología del síndrome del observador impasible gira en torno a la inactividad ante una situación que debe estimular una respuesta. Puede incluso estar contemplando una situación que entrañe riesgo para sí mismo o para otros y permanecer inactivo en espera de un desenlace en el que no va a influir.

Otra de las características del síndrome es la distancia emocional del observador con respecto a la escena que presencia. La inacción de este espectador es una carencia de empatía, una indiferencia ante el suceso y sus posibles resultados, no es que renuncie a intervenir, es que ni siquiera se lo plantea.

Suele haber una justificación interna a la ausencia de respuesta, seguramente se argumenta según la circunstancia y no resulta convincente para el resto de personas que le rodean. Una de estas explicaciones es que las reacciones no siempre logran el efecto deseado, que su resultado es imprevisible, por lo que hay que dejar que el destino siga su curso sin intervenir.

 

El observador impasible tras una cámara

Como ya referí al principio, he conocido a varios observadores impasibles que practican la fotografía como afición y he podido tanto observar comportamientos en común, como conversar y sacar impresiones con alguno de ellos.

No hay nada evidente en su forma de proceder que identifique a una persona con este síndrome, es la detallada observación de su comportamiento la que va sumando datos que posteriormente podemos confirmar en una tertulia, sobremesa o diálogo distendido.

Al contrario de lo que podríamos pensar, no es un buen ejemplo de observador impasible el reportero de guerra que se ha acostumbrado a escenas duras a las que ha estado expuesto de forma cotidiana, ni aquellas personas que se ven conmovidas por una escena dramática y que deciden no actuar de forma deliberada o refrenan sus impulsos de hacerlo.

El observador impasible presencia una conmovedora escena de una forma fría y distante, sin ninguna reacción emocional hacia la misma o hacia la obra que va a obtener, lo que le permite captarla de una forma puramente cerebral. No tiene sensación alguna pero sabe detectar el valor de la situación y realizar una imagen impactante, libre del condicionamiento emocional. Aunque sea incapaz de sentir, sí es capaz de identificar los valores que conmueven a otras personas, por lo que puede lograr transmitir sensaciones intensas con su cámara.

Si le preguntáramos sobre su imagen probablemente nos haría una argumentación técnica, compositiva en cuanto al orden y a la formulación de la misma, pero no escucharíamos referencias a su emoción al captarla. Sin embargo, estoy ahora convencido de que un observador impasible es incluso capaz de aprender a hacerlo.